Las empresas hemos debido de asumir el esfuerzo de adelantar los pagos fraccionados sobre sociedades; para los restos, tampoco nos van a conceder aplazamientos para hacer frente a nuestras deudas con el fisco como ya comentábamos en días anteriores; el nuevo SMI, que desde aquí no se discute, va a suponer un aumento de los costes laborales y de cotización a la Seguridad Social que también deberemos asumir… Corremos el riesgo de ser absolutamente asfixiadas por estas nuevas medidas gubernamentales y no es deseable obviar que somos las principales responsables de la creación de empleo en este país. Y nos parece importante recalcarlo desde este foro.

 

En esta nueva vuelta de tuerca al impuesto, se carga de nuevo contra él para el grueso del ajuste fiscal. Lo que se pretende es acabar con parte de las deducciones de las que se benefician las empresas. Especialmente herida de muerte está la compensación de pérdidas registradas en ejercicios anteriores.

 

Esta medida parece que va a embolsar a las arcas públicas 5.000 millones de euros adicionales, y no parece inverosímil, ya que todas, en mayor o menos medida, hemos sufrido la crisis económica actual. Y a nadie extraña la declaración de pérdidas. Pero el reconocimiento para el que está detrás de esas pérdidas, navegando en un barco pequeño salvando una terrible tempestad global, no llega. Por lo que se ve, no llegará. Si hemos perdido, mala suerte. Si ganamos en los siguientes ejercicios, a tributar y a contribuir desde el primer €uro, y las pérdidas anteriores que se las coma cada cual.

 

No conviene olvidar que Sociedades es el único de los grandes impuestos que no ha recuperado su nivel precrisis. Pues ahora, a la fuerza, lo va a recuperar. Metiendo en el bolsillo personal de los empresarios todas la pérdidas acumuladas. Que lo mismo viene a ser sacando de su bolsillo cualquier pelusilla que hubiera podido quedar.

 

Lo que realmente sería deseable es un pacto global para construir un sistema básico general impositivo, una reforma en profundidad del sistema fiscal, y no dejar que cada gobierno de turno lo manipule a su antojo. Sería absolutamente deseable una armonización europea al respecto de este impuesto. Y al final, sin duda, proceder a su supresión definitiva, como postulan voces mucho más autorizadas que la nuestra, ya que “muerde” de la tarta de los otros impuestos y propicia el tráfico de influencias para conseguir desgravaciones, deducciones, exenciones…