Vaya paquete de medidas que nos han colado con ocasión de estos “felices días navideños”.  Resulta que ahora nosotros, los pequeños empresarios y la gente de buena raza, aplazamos nuestros impuestos, no porque no podamos hacer frente a ellos, que bastante difícil es ya, sino porque pretendemos financiarnos a costa del Estado.

Faltaría más, caballero. Que no aplazan gratis, sino con unos intereses del 3,75 % o del 3 % si se presenta aval.

Aún así, no es suficiente. A partir de ahora, los van a endurecer. ¿Por qué? Porque mire usted, teniendo la facilidad de crédito que tenemos con las entidades financieras, que financien ellos. Me suena de algo. ¿No son los mismos que cobran y se ganan la vida gracias a la limitación de los pagos en efectivo?

Ya se aprobó una instrucción de la AEAT en la que se hicieron inadmisibles los aplazamientos de IRPF desde enero de 2014, porque claro, las empresas y los profesionales nos financiábamos a través de las cotizaciones de nuestros trabajadores.

Sin embargo, en octubre del pasado año, Hacienda elevó de 18.000 € a 30.000 € el límite para solicitar moratorias fiscales sin necesidad de presentar aval, lo cual agilizó la concesión de aplazamientos.

¿Quién entiende esto?

Sin aspirar a encontrar una respuesta que tenga sentido, desde este despacho os queremos advertir de que es muy posible que los aplazamientos en enero nos vengan denegados o recortados sustancialmente, así que, es nuestro consejo contar con un plan B: habrá que negociar, de nuevo, con las entidades de crédito para tener el dinero preparado para el fin del plazo (que éste no lo van a ampliar, eso seguro). Y hasta un plan C: a ver si alguien nos echa una mano para cumplir con nuestras obligaciones fiscales (papaaaaa!!!)